CUANDO EL INFIERNO DEJÓ DE ARDER




En la negrura de las nubes de la tierra sin luz 
se ven centellas que surcan en busca de un hombre:

Arcángeles blancos y azules
con alas de cisne
bajan hasta el último infierno
con espadas de fuego,
vuelan en orden perfecto,
vienen a cumplir una misión,
porque su señor, que es dueño de todo,
manda con su voluntad por un preso,
vienen desde el cielo y se separan,
recorren en escuadrones los abismos;
los demonios que bailaban se aprestan a pelear,
pero uno a uno caen los rojos
en una pelea que sólo puede tener un final.

Cuernos contra alas,
espadas de acero contra espadas de oro;
una guerra por un hombre
que yace penitente en una cueva
donde es castigado por cerberos que le escupen odio.
Alguien grita con todas sus fuerzas contra su padre,
le implora que le deje en paz en su isla de exilio;
—Mientras unos ángeles encuentran su objetivo encadenado.

Después de días (o siglos) de pelear hasta vencer
el infierno deja de arder por un momento
y cae vencido en sus propios dominios;
el jefe al mando de la misión toca la tierra bizarra
para hablar de frente con el prisionero
que tiene una nueva misión que cumplir en la tierra;
—ya que alguna vez prefirió morir antes que obedecer;
pero hoy tiene una nueva encomienda para ratificarse;
la decisión nuevamente es suya.

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