Las hojas pardas y resecas de la vieja obra de un escritor,
en su silencio figurado eterno sólo hablaran a quien pueda
ser escucha y testigo para ver la belleza que ahí queda,
la pureza y la esencia de la plana creación de ese escultor.
¿Cuántas noches has llorado los ríos de tu soledad amarga?
No lo sé, es imposible describir cuántas vidas has sufrido;
ese corazón que miro a los ojos, suave oculto en un nido
hecho de sangre, de luto y de gritos de una negra plaga.
¿Cuántos inviernos han tenido tus sentimientos sin una primavera?
No es más cierta la doncella que la luna que nos rodea en plata,
no es más bella la pasión que la música de ingeniosa y triste nota;
que alcanza tu rugido de dolor, que congela nieve y derrite hierro.
¿Cuántas flores ha secado tu suspiro de puro dolor?
¿Ha sido así?, ¿o es acaso que ellas han secado tu aliento,
con la magia de sus encantos tan volátiles como el viento?…
O es acaso que en tu vida éstas condenado a lo peor.
Sufro, yo también sufro de la misma agonía en un distante infierno;
no hay luces ni fuego, las primaveras son de hielo y el amor impío.
Los ruiseñores me han sacado los ojos y nadie puede verme, no confío.
Soy, al igual que tú, un rio de llanto y un eterno invierno.
Páginas de un libro que escrito hace tiempo se transporta en un sinfín
de errores, de recuerdos; una letra borrosa que no es comprendida,
no por cualquiera; sólo por quien al igual este borroso y perdido.
Soy al igual que tú, una palabra incomprendida, que encierra todo de sí.
