HACIA EL ABISMO

Rompiendo mi coraza
aplacada de cráneos sin dientes,
por fin en lustros,
respiro algo más que azufre.

Camino tres pasos hacia delante,
el lago de los sollozos,
repleto de migajas de carne,
flotando en ella cientos de párpados.

Cuatro pasos a mi izquierda,
la sonrisa del carcelero,
esperando que alguien le robe,
las llaves clavadas en su cerebro.

Cinco pasos hacia mi espalda,
el olor a rosas quemadas,
pisoteadas por el cíclope goloso,
cogiendo las almas en el aire y devorándolas poco a poco.

Un paso a mi costado, el abismo acorazado,
la salida a la penumbra, el camino a casa me espera,
me detengo a pensar, antes de saltar,
y me pregunto si no estoy en ella.

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