Es que buen número de aficionados al ocultismo están convencidos de su realidad. Para ellos, Rayo Azul es un programa ideado por científicos chiflados, estilo "Doc" Brown de "Volver al Futuro" (R. Zemeckis, 1985), auspiciado por las Corporaciones Unidas del Mal, como el Grupo Bilderberg, el gobierno de los EEUU, las Naciones Unidas y la NASA. Aseguran que el programa dispone deun arsenal envidiable, con la tecnología necesaria para representar sobre el cielo de cada región del mundo un espectáculo religioso diferente (en las sociedades católicas proyectarían el Cristo o la virgen María, en las orientales a Krishna, entre los musulmanes a Mahoma, en pueblos eclécticos, a divinidades New Age, etc.), equipos de LF y VLF (Baja y Muy Baja Frecuencia) para susurrar directamente en el cerebro de las personas aquello que desean hacerle creer.
En 1994, Serge Monast escribió un folleto titulado "The Blue Beam Project", donde denunciaba que esta suerte de satanismo high-tech, basado en el control mental y en la religión, pretendía conquistar el mundo. En 1996, tras denunciar que era perseguido por la Policía y haber pasado una noche en la cárcel, murió de un infarto. Para sus seguidores, Monast fue asesinado por "armas psicotrónicas". Como sea, su muerte consolidó la leyenda.
Hay quienes afirman conocer la agenda de los titiriteros del complot. Y dicen que el Rayo Azul, lanzado desde una constelación de satélites artificiales, lograría reemplazar los sistema de creencias de las sociedades por otro culto, presidido por un Dios políglota, "que se proclamará ante las naciones para imponer una sola religión, un solo tipo de moneda y creando lo que se llamara el Nuevo Orden Mundial". Esa falsa deidad podrá manifestarse bajo la forma de una supuesta invasión extraterrestre, que en rigor será un ardid creado por poderes bien locales para desarmar a los pueblos rebeldes e imponer sin oposición su régimen de terror. Mientras lees esta nota, la computadora que centraliza "toda la información sobre nuestra especie" procesa los rayos que en pocos años cocinarán nuestras neuronas. Por el bien de nuestra especie, claro.
Ese Nuevo Orden Mundial, controlado por poderosas élites que quieren sacarse de encima a las mayorías, no es nuevo en absoluto. La teoría conspirativa para la cual existe un gobierno dirigido desde las sombras y sigue un metódico plan de acción tiene cientos de años. Desde el siglo XVII, las logias anticlericales tuvieron enemigos implacables. Sociedades secretas como la Masonería, los Rosacruces o los Illuminati de Baviera eran candidatas a la acusación (casi siempre equivocada y sin duda impracticable) de pretender dominar el mundo. Tales abusos del lenguaje no deben ser subestimados. Por ejemplo, cuando en el siglo XX una sospecha parecida se transformó en prejuicio de Estado surgieron el antisemitismo y el Holocausto.
La exageración grotesca o el fraude suelen ocupar un papel clave en estos contubernios. "Los Protocolos de los Sabios de Sión" (1902) es quizás la novela involuntaria más dramática de la historia reciente. Entre los que denuncian la realidad del Proyecto Blue Beam, la ficción adquiere nuevos significados. No es que influyan o sirvan de "termómetro cultural", directamente prefiguran el porvenir. Según esta visión, películas como "2001, una odisea del espacio" (S. Kubrick, 1968), "Star Wars" (G. Lucas, 1977) o series como "Star Trek" (G. Roddenberry, 1966-), promueven sutilmente aquellas cuestiones que el Poder nos quiere inculcar. El argumento del film nunca estrenado de "Star Trek-The Motion Picture" (1975) sería casi una avant-premiere del Proyecto Blue Beam. El protagonista es un dios polimorfo que ilusiona a sus fieles hasta el engaño. Por lo demás, el éxito de la serie "X-Files" (Ch. Carter, 1993-2002) o de "El Código Da Vinci" (D. Brown, 2003) da la pauta de que las tesis conspiracionistas aún resuenan profundamente en la sociedad.
El mito de los alienígenas divinizados que impulsaría el Proyecto Blue Beam, angeloides que en principio tendrían poco que ver con los Reptilianos promocionados por el escritor inglés David Icke, es asociado desde hace décadas con tesis conspiranoides. Aquí la tecnología aparece junto con los recursos que usan los falsos amigos alienígenas para que nadie, salvo Icke y sus apóstoles, pueda diferenciar a un terrícola de una maldita lagartija extraterrestre. Otros promotores de esta mefistofélica conjura, como el locutor Alex Jones, hacen un particular pastiche entre la crisis global, las paranoias sociales y las creencias populares. Vendedores de humo del Apocalipsis, como el escritor Daniel Estulin, quien llegó a convencer a Fidel Castro de que sus delirios conspirativos son investigaciones periodísticas, también creen en ese Nuevo Orden.
La doctrina del Blue Beam comparte ideas muy presentes en movimientos cristianos que enfatizan la presencia del Anticristo y Satanás en la lectura que hacen del Nuevo Testamento. No hace falta ser especialista en religiones comparadas para descubrir que esos paralelismos reflejan parecidas preocupaciones y temores. Muchos grupos pentecostales creen que el "número de la Bestia" (666) está cifrado en el sistema de identificación por radiofrecuencia RFID de los códigos de barra, o que la Bestia planea implantar entre los cristianos microchips "que permitirán identificar a los hijos del Señor". En ambos casos, las potenciales aplicaciones de biolocalización a las que se podría prestar esta tecnología fomenta la paranoia, especialmente entre los sectores fundamentalistas.