Enciende la luciérnaga de mortaja encabritada,
que como una vela trémula en una lámpara de cuarzo,
esta en sus pies de plomo, los charcales de cuervo,
y en la atmósfera de agujas, una nada interminable.
La nada, hecha del eclipse y el roce de los astros
en el hueco que roza el fondo de mi vientre;
lupanares y el canto espolvoreado del guijarro
en la pocilga hecha de la fiebre y lepra,
como una lira que silba a mediodía en los estanques.
El crepúsculo naufraga en las pieles del ámbar,
ese sol de café que anega en las pezuñas de las riberas;
un demonio de mitología y un laurel de concupiscencia,
en una tardía pitanza, embaraza con ellas,
al nuevo cobre.
Y se retuerce el tenue soplo al ruedo de la hojarasca,
llamándonos al lecho de brumas y a la añoranza
de una aurora sin tormentas ni cometas,
¡oh lluvia!: en tus pétalos de azur aromas de mar siento,
y en ese redoble de aguas busco el refugio de tu llanto.
El collado se yergue donde se pierde el místico ojo,
águilas de penachos de azules vientos nebulosos,
que en torbellinos de las rendijas que tapan el averno,
aniquilan a la tribu de semidesnudos,
que con lanzas horadan a las vampiresas nubes.
Ebrios marineros,
putas del bar,
vetusto faro tuerto,
añejo ron de fabrica.
Desenvainar el puñal ante el silbido de las aves en estío
como el verdugo embota en un cesto las cabezas,
y ver, de frente al sol el borrascoso oleaje de los soles.
En un sube y baja de lagrimas de oro,
el platinado de la concha de la tarántula,
me dice, matar, matar las pulgas del camastro,
corroer con acido sulfúrico la contraventana,
dispensarla a mis alimentos,
acentuar a estocadas,
a la macabra piedra de queso.
Así semejas, ronco e inviolable sopor de nieblas,
al rocío matinal que se ve en las avenidas
cuando, el poeta triste y con los ojos marchitos,
bebe del licor que chorrea el lejano poniente.
Dipsómano de chorreantes baños de primavera,
ducha fría como la balsa que cargaba a Ofelia,
el crimen del sacerdote en un triangulo de fuego,
que echa su tinta en las esposas del ángel negro.
Graznido de cuervos sobre la colmena del ciprés:
beber miel de ahí, mamar del simún etéreo,
o ambrosía hecha nepente surcando las aguas del Leteo,
mientras vuelan las alas del olvido de los ángeles.
El escalofrío asfixia a la templanza,
El colorete mancha la pantis,
El cuerpo drogado se vuelve rueda,
en una escalera que daba a callejones.
Y da a suburbios, a fugaces nombres del día,
y al mar y a la estrella del norte, el sur...lejanía;
duerme, en la ribera sin ver las holoturias simplezas,
mas, apaga la noche en los párpados del diluvio...
Azul: ixtab
Rojo: emiled
"Satanael de Rigel: Un Ser Poderoso en la Tierra"
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Hola, soy Satanael, un ser de la estrella Rigel. Soy un ser poderoso y he
viajado a través de los confines del universo, pero ahora estoy encarcelado
aquí ...