Un sismo de 4 grados de magnitud en la escala de Richter se sintió este viernes a las 6:05 en las regiones de Valparaíso, Metropolitana y O'Higgins, según informó el Servicio Sismológico de la Universidad de Chile.
El epicentro del temblor fue localizado a 8 kilómetros al oeste de Melipilla y a 79,1 kilómetro de profundidad.
La Onemi dio a conocer las intensidades de acuerdo a la escala de Mercalli. Estas fueron:
► Región de Valparaíso
San Antonio: III
Villa Alemana: II
► Región Metropolitana
María Pinto: II
Melipilla: III
San Pedro: III
► Región de O'Higgins
Rancagua: III
San Fernando: III
TODOS ESTAN YA PREOCUPADOS POR QUE DESDE AYER
Un remezón se produjo en medio de la noche. Otro sorprendió a los pescadores en una playa vecina. La tierra volvió a temblar durante la cena. No paraban. En total se sintieron más de 170 temblores en Navidad hace cinco semanas. El más fuerte se produjo durante un funeral e hizo que los dolientes saliesen corriendo por la calle, presas del pánico.
Navidad, un pueblo agrícola costero de 5.500 habitantes, ha resultado uno de los sitios más proclives a sufrir temblores, en uno de los países más expuestos a esos fenómenos. Los sismólogos no saben si estos temblores estuvieron vinculados con un terremoto que devastó partes de Chile hace dos años o fueron un alerta de algo por venir.
Los navideños han aprendido a vivir con esta incertidumbre. En la época navideña, por ejemplo, arreglan los árboles asegurando las ramas y la base, para que no se caigan en caso de un temblor. Los dueños de restaurantes instalan barandas de madera en sus estanterías para que los vasos y los licores no se caigan. Algunos ofrecen únicamente latas de cerveza por considerar que las botellas conllevan demasiados riesgos.
En las escuelas públicas a los niños se les enseña qué hacer si se produce un temblor y todos parecen tener una bolsita con linternas y comida.
"Nacimos, vivimos y nos criamos con los temblores", declaró el alcalde interino Rodrigo Soto. "Es como si recién se hubiera descubierto Navidad al mundo. Todo el mundo nos pregunta si estamos asustados y lo que les decimos es que tenemos que estar preparados".
De todos modos, ningún preparativo basta para evitar que cunda el pánico cuando la tierra se estremece. No hay forma de saber de inmediato si es algo menor o un terremoto fuerte, capaz de causar estragos.
Cuando la tierra tembló durante el funeral, los rostros de los dolientes se tornaron pálidos, como los de los muertos. A pesar de que se le pedía a la gente que mantuviese la calma, la iglesia se tambaleó tanto que mucha gente salió corriendo.
"La gente estaba aterrorizada", relató Carolina Jeria al recordar el terremoto de magnitud 5,9 del 21 de noviembre. "En un momento así uno pierde el control. Estamos muy preocupados por el asunto de los temblores porque el de 2010 nos pilló muy poco preparados".
Soto dice que el pueblo todavía no cuenta con un sistema de alerta de tsunami adecuado. Dispone apenas de una sirena que suena como la alarma de un automóvil y que no tiene el volumen necesario como para que sea escuchada por todo el mundo. Pero después de tantos temblores, los navideños saben instintivamente cuando tienen que salir corriendo.
Saben si se trata de un temblor de magnitud 2 o de uno de magnitud 7, capaz de tirarlos al piso y ante el cual hay que buscar elevaciones en caso de que se produzca un tsunami.
Al margen de los terremotos, la vida transcurre plácidamente en Navidad. Muchos agricultores todavía usan bueyes para arar la tierra, mientras que otros sirven a los turistas que vienen a las playas del Pacífico desde la capital Santiago, que se encuentra 170 kilómetros (poco más de 100 millas) al sur. La gente, no obstante, está siempre tensa.
Los temblores no son lo único que recuerda a los navideños que en cualquier momento puede producirse un terremoto. En la carretera que conduce al pueblo los girasoles crecen alrededor de carteles que le recomiendan a la gente que construyan sus casas en elevaciones por la posibilidad de tsunamis o que estén preparados para ir a sitios altos.