En las costas góticas
donde el mar
era el agua que clamaba
ante los sueños
para bailar entre versos
se quedaba en la llamada
de un tiempo
en la copla
de cera,
donde las velas
estaban mirando al agua.
En el pensamiento
se podían ver
a las burbujas
salir de su miedo
para llegar a su secreto.
Los colores
eran su ley
entre cada mirada
donde los violines
se sumergían
en las aguas
e impregnaban
el momento
de cada verso
que se quedaba fijado
en la llanura
de las costas góticas,
en ese cantar
que hasta las palabras
se descosían
en la lluvia
de las aguas
cicatrizadas entre burbujas.
Los pensamientos
eran la clave
donde los besos hablaban
entre sonrisas se ayudaban,
era como si todo
se hiciera música
en la noche
de cada lado
del abismo,
donde podías ver
a las olas chocar
contra sus propios labios,
así hasta quedar enganchados
entre las letras
que seguían
sus presencias
bajo la espuma
la cual
era el mensaje
para llevar a sus voces
entre un alegre
recorrido
para llevarse
a sus latidos
al corazón
de la madrugada.