De la mano con la locura,
destinado a vagar sin rumbo,
infestada la tierra de vacío,
las almas olvidadas marcadas en la historia.
Los siete muros imponentes,
la mansión carcelera de almas,
devoradora de fe,
la nada eterna controla el sendero.
Sin la marca de un dios invisible,
elección sabía castigada con soledad,
el castillo de piedra invencible,
los devorará por la eternidad.
Avanzando en su camino,
abandonando la esperanza de sonreír,
ansiando libertad insípida,
sobre los brazos de la tortura descansarán.
Las sombras ocultan el dolor de los alejados,
ajusticiados sin culpa alguna,
quebrantando leyes marcadas con sangre humana,
en nombre de aquellos que llaman dios.
Los suspiros se convierten en el aire,
que consumirán las almas malditas,
no tendrán más remedio que carcomer su desdicha,
el bosque oscuro será lo último que verán.
Más allá de esta tierra,
se encuentra la oscuridad absoluta,
ausencia infinita de luz,
un paso más hacia el encuentro con el fin.