celosas sombras, sedientas de miradas
Cegado estaba el lúgubre lago, mudas las estrellas
Y sorda la luna, quien en el pavimento se desnudaba,
Furtiva ninfa pecadora, macabra,
La muerte muerde los dulces presagios
Y espero que sea parte del Armagedn
invernal y deseado.
Enséñame, si lo deseas,
A tejer mariposas con hilos negros,
a zurcir mí sangre amablemente,
para vestir las tumbas eclesiásticas,
de mi antigua orden.
Corroamos la luz del sol,
con el acido nocturno,
exclama mil frívolos susurros,
que disfracen de improviso,
mi desnuda alma que grita de frío.
Enséñame esta noche,
a crear una erística entre razón y locura,
sentimiento y lógica,
no caigamos en la logomaquia absurda
y el ocaso se muestre tremebundo
como un crucificado,
ante nuestras iconoclastas miradas,
no arranques de mi la capa de dilección
muéstrame la desesperación
que cargan tus lívidas manos
por arrancar de mi rostro el necio antifaz
mira cuan fúnebre es la caída de las serpientes
duerme silenciosa en el oráculo de mi vientre
cuestiona en oráculo de Delfos, lo que desees
y pide a la pitonisa respuestas palpables.
en mis labios se anida el rugido que canta,
toma del cinturón de Orión el pase,
para entrar a mi teatro,
en donde este soprano destilara sus emociones,
Os dejo con intrigas, sospecha de mi táctica,
pero confía en mis palabras,
Pregúntale al alma de Sócrates
a que sabia la cicuta, y dímelo directamente…
de tus labios.
Cegado estaba el lúgubre lago, mudas las estrellas
Y sorda la luna, quien en el pavimento se desnudaba,
Furtiva ninfa pecadora, macabra,
La muerte muerde los dulces presagios
Y espero que sea parte del Armagedn
invernal y deseado.
Enséñame, si lo deseas,
A tejer mariposas con hilos negros,
a zurcir mí sangre amablemente,
para vestir las tumbas eclesiásticas,
de mi antigua orden.
Corroamos la luz del sol,
con el acido nocturno,
exclama mil frívolos susurros,
que disfracen de improviso,
mi desnuda alma que grita de frío.
Enséñame esta noche,
a crear una erística entre razón y locura,
sentimiento y lógica,
no caigamos en la logomaquia absurda
y el ocaso se muestre tremebundo
como un crucificado,
ante nuestras iconoclastas miradas,
no arranques de mi la capa de dilección
muéstrame la desesperación
que cargan tus lívidas manos
por arrancar de mi rostro el necio antifaz
mira cuan fúnebre es la caída de las serpientes
duerme silenciosa en el oráculo de mi vientre
cuestiona en oráculo de Delfos, lo que desees
y pide a la pitonisa respuestas palpables.
en mis labios se anida el rugido que canta,
toma del cinturón de Orión el pase,
para entrar a mi teatro,
en donde este soprano destilara sus emociones,
Os dejo con intrigas, sospecha de mi táctica,
pero confía en mis palabras,
Pregúntale al alma de Sócrates
a que sabia la cicuta, y dímelo directamente…
de tus labios.