Una impactante serie de imágenes de la matanza de centenares de delfines atrapados
en una bahía de la isla japonesa de Honshu desató una polémica a nivel internacional.
No solo los defensores de los animales se mostraron indignados por el hecho.
Y eso que se trata de un método que se practica en Japón año tras año. Cada
temporada, que dura de septiembre a abril, la bahía de Taiji, que cuenta también con
una playa pública, se transforma en una área de prisión y muerte.
Los activistas defensores de los derechos de los cetáceos, que grabaron el video
y tomaron las fotos, admiten haber detectado este lugar de matanza hace años. Incluso
filmaron ya un documental, 'The Cove', galardonado con un premio en el Festival
de Sundance en 2009. Pero este enero, pese al intento de prohibición de marineros y
sus jefes, han podido acceder a las escenas más sangrientas de la caza, que las
autoridades de Japón califican de "tradicional".
Según los cálculos oficiales del sindicato de marineros de Taiji, cerca de 500 delfines
fueron cerrados en la bahía este año: cardúmenes enteros, llevados hacia el lugar con
el uso de redes. Algunos animales murieron durante la caza, pero más de cuatro
centenares fueron ultimados con arpones y cuchillos, tiñendo el mar con su sangre.
Antes de matar al resto de los animales atrapados, los "más atractivos" fueron
seleccionados para los parques de mamíferos marinos y delfinarios privados. Pero los
activistas dicen que incluso los supervivientes de la matanza son retenidos en unas
condiciones terribles, escondidas a los ojos del público. Siguieron en especial el
destino de una cría albina que fue separada de su madre y llevada a una piscina,
resultando desconocido su probable trágico final.
Al conocer las nuevas imágenes, incluso la embajadora de EE.UU. en Tokio, Caroline
Kennedy, no quedó indiferente ante la atrocidad. Mediante un tuit se mostró
"profundamente preocupada por lo inhumano que es la matanza de los delfines
cazados en masa" en Japón.
Esta matanza de cetáceos, totalmente legítima según las leyes japonesas, es motivo de
indignación en todo el mundo. Sin embargo, la vida de un delfín tiene su precio y este
llega a unos 200.000 dólares en el mercado.
Tokio sostiene que la carne de delfín y de ballena es parte importante de su dieta
desde hace siglos. Pero la mayor parte de los japoneses, encuestados por los
activistas, confesaron nunca haber probado la carne de estos mamíferos marinos y
que no la perciben como alimento.