HOLOCAUSTO



Un susurro de tiempo…una gota de remotos recuerdos
acaricia mis oídos. Las rosas callan separadas en su gran
campo polvoroso. Los ojos se pierden silenciosos y muertos
en cuerpos marchitos…sombras que se extienden en el 
suelo helado. 

A lo lejos, una montaña de piel, sangre y dientes secos
se yergue ante la heroicidad de un hálito divino.
La sufrida sangre de la muerte se extiende en 
el polvo fino. Ya nadie sabe cuando oscurece o amanece
en esta fría inmensidad.

Ayer, al caer el sol, un hombre a mi lado fue disparado.
Su masa cerebral cayó suavemente en mi cabeza.
Temblaba de miedo y asco. Pero ya no siento miedo.
No puedes sentir miedo cuando lo que temes
termina convirtiéndose en tu única esperanza.

Las capas púrpuras. Claro, nuestro castigo mesiánico.
Somos escoria, dicen. Raza inferior, peligro.
Daría todo por una lágrima, por un llanto liberador.
Pero mi corazón, ya seco, explotará en la cámara de gas.

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