Ellos huyen de la guerra ya sin fuerza,
Yacen sus espíritus quebrantados por la cobardía.
Hoy ante su gran costado,
Me toco postrarme ante su dominio,
Una herida profunda que jamás sangra,
Mi corazón llora y mira el cielo,
Mira el cielo que ya es gris,
Un dolor con un gran poder.
Mi carne comienza a heder,
Mi dolor no es la guerra,
Si no ¡tu olvido!
Me heriste con tu arma de desprecio,
Profundamente hasta llegar al delirio,
Esa arma que es,
Mas temida que la espada de un rey,
Que el cuerno de los bueyes,
Que los colmillos de los leones o lobos.
Dolor eterno dolor,
Mi cuerpo no lo soporta más.
Muerto, consumido por sus raíces,
Carne podrida y Huesos quedan en sus costados,
Son los arboles ancianos.
Llenos de leyendas,
Hoy escrita en ellos mi historia esta,
Mi amor yace en sus raíces,
Ahí lo dejare,
Parte de el ya es.
Mi corazón Levanta la vista al cielo gris,
Hoy escrito esta mi fin.