VIAJE EN BUS


 

Este bus viene atestado de gente,
gente que piensa en muchas cosas,
gente que junta a otra es indiferente.

Hay una señora que piensa en las botas
que comprará cuando llegue
y lucirá su tierna hija adolescente .
Un señor que piensa en encontrarse
con un lejano pariente,
le lleva de regalo una fotos
de cuando eran niños silvestres.
A mi costado una pareja que sueña,
trenzadas las manos,
como será su boda en noviembre,
mientras recorremos caminos y casas
de la carretera sin verde.

Así voy mirando los rostros
que bajo la sombra se advierten.
Y hay un manojo de ellos
que son en verdad pestilentes.
Un tipo con bufanda de fieltro
piensa en llegar para meter al retrete
la cabeza de su última esposa
que lo abandonara hace meses.
Otro para secuestrar a un inocente
y pedir una suma cuantiosa,
luego asesinarlo y arrojarlo
a un vertedero del sector poniente.

Yo viajo cómodamente,
nadie nota mi presencia.
Y van todos pensando en un mañana
(como han notado uds. seguramente).
Y el presente es verdadera ausencia.
Pero ¡en fin! ese mañana no llegará nunca.
Al anochecer la neblina y su anchura
no permitirán ver al conductor
que se ha derrumbado el único puente.
Mañana aparecerá en los diarios
el relato de la tragedia 
que no dejó sobrevivientes;
como es lo acostumbrado
las listas de quienes viajaron sin suerte.
Y uds. se preguntarán enfadados
cómo presagio esto y no aviso.
Y les replico, soy el ángel de la muerte,
yo sólo observo y decomiso.




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